Hipocresía. Palabras dulces, bonitas, brillantes, que actúan de maquillaje para ocultar el verdadero rostro, el cual suele ser una máscara de desdén e indiferencia hacia el otro. Palabras como envoltorios de colores, como los que llevan los caramelos, para cubrir los verdaderos pensamientos que se arremolinan tras el antifaz de la simpatía fingida. Sonrisas que, al darte la vuelta, se truecan en muecas de desprecio. ''Lo dije para quedar bien''.
Halagos disfrazados de amistad a cambio de favores. ''Sí, le queda fatal realmente. Pero si se lo digo se disgustará y no querrá acompañarme. Tendré que ir sola''. Sabes que nadie hará nada por ti; lo sabes tan bien de la misma manera que sabes que no moverás un dedo por nadie a cambio de nada. Entonces, ves a una persona de quien piensas que es fácil de manejar para que te haga el favor cuando lo necesites. Un toque del agridulce sabor de un falso amigo junto a unas gotas de vacíos halagos, mezclados con el esfuerzo de los músculos faciales para darle forma a una mezquina sonrisa. Una vez el susodicho ha cumplido su función, se le puede desechar fácilmente y sin perjuicio alguno. Para ti, claro está. Después de todo, eres lo único importante, ¿verdad?
¿A cuántas personas aprecias de verdad?
El temido compromiso del momento. ''Me lo encontré y no tuve más remedio que saludarle, ¡qué mal!''. ¿Por qué fingís? ''Ay, no, que no venga hacia aquí, no quiero que me vean con ella''. Ese miedo que se genera ante una situación desfavorable que, mágicamente, se acaba transformando en el saludo de un amigo de toda la vida, en abrazos, en exclamaciones de alegría que muestran un dramático asombro ante la cantidad de tiempo que hacía que no os veis. ''¡A ver si un día quedamos!'' sale de unos labios, mientras en el corazón se remueve un ''Ojalá que no se acuerde''.
Qué cruel lo pinto, diréis. Oh, no lo creáis, luego en la práctica parece distinto, y no os resulta tan difícil. El ser humano lleva la sangre fría y la indiferencia hacia los demás grabadas a fuego en las largas cadenas de ADN que moran el núcleo de nuestras células.
No digo que paréis. Seguid, seguid lanzando palabras vacías, como la cáscara que pudo haber contenido algún fruto pero que se ha acabado pudriendo. Seguid lanzando, con vuestros labios como cerbatanas, palabras como dardos envenenados.
Avisad si algún día encontráis una verdadera amistad, una que no se haya construido sobre las bases de la conveniencia.
lunes, 30 de junio de 2014
sábado, 17 de mayo de 2014
¡Ja!
Me hace gracia que haya personas que van denunciando la discriminación hacia los otros por redes sociales tales como Facebook, Twitter... y que luego sean esas mismas personas quienes van discriminando a otros fuera de la pantalla. ¿Hipocresía? ¿Dónde?
Un ejemplo que me ha causado especial gracia ha sido cuando han mencionado a los que suelen calificar como ''empollones'', personas que suelen sufrir discriminación en las primeras etapas de su vida, tales como el colegio o el instituto. Sí, me ha hecho gracia ya que la publicación decía que ''se burlan de ellos cuando habría que elogiarlos por su capacidad y por su dedicación''. Bueno, tal vez hubiera venido bien que esa persona pensara e hiciera esas cosas años antes... Porque, si no recuerdo mal, a las personas que éramos distintas por nuestro interés hacia la cultura, nuestra capacidad para el aprendizaje y, sobre todo, por unos gustos que desentonaban con el resto, nos tenían, ya no marginados, sino atrapados contra una esquina.
Me alegro de haber dejado atrás todo eso. Ahora tengo personas que sí me reconocen, incluso sienten curiosidad y a mí me gusta que pregunten sus dudas y sus curiosidades. Pero, por desgracia, sí sigue habiendo personas que, por ser diferentes en algo tan sobresaliente como querer aprender, sufren un desprecio que no se merecen
Por ahora me contentaré simplemente con expresar mi indignación de una forma pacífica, y me limitaré a pasar de esa publicación que ha sido el detonante de esta parrafada. No aceptaré esas palabras, por muy bonitas que suenen. El día en el que sean escritas por una persona que realmente lo sienta, las aceptaré y las compartiré. Aceptaré esas palabras el día en el que las manos que las escriban no sean las mismas que en antaño -y a saber si también ahora- han señalado a otros con desprecio.
Un ejemplo que me ha causado especial gracia ha sido cuando han mencionado a los que suelen calificar como ''empollones'', personas que suelen sufrir discriminación en las primeras etapas de su vida, tales como el colegio o el instituto. Sí, me ha hecho gracia ya que la publicación decía que ''se burlan de ellos cuando habría que elogiarlos por su capacidad y por su dedicación''. Bueno, tal vez hubiera venido bien que esa persona pensara e hiciera esas cosas años antes... Porque, si no recuerdo mal, a las personas que éramos distintas por nuestro interés hacia la cultura, nuestra capacidad para el aprendizaje y, sobre todo, por unos gustos que desentonaban con el resto, nos tenían, ya no marginados, sino atrapados contra una esquina.
Me alegro de haber dejado atrás todo eso. Ahora tengo personas que sí me reconocen, incluso sienten curiosidad y a mí me gusta que pregunten sus dudas y sus curiosidades. Pero, por desgracia, sí sigue habiendo personas que, por ser diferentes en algo tan sobresaliente como querer aprender, sufren un desprecio que no se merecen
Por ahora me contentaré simplemente con expresar mi indignación de una forma pacífica, y me limitaré a pasar de esa publicación que ha sido el detonante de esta parrafada. No aceptaré esas palabras, por muy bonitas que suenen. El día en el que sean escritas por una persona que realmente lo sienta, las aceptaré y las compartiré. Aceptaré esas palabras el día en el que las manos que las escriban no sean las mismas que en antaño -y a saber si también ahora- han señalado a otros con desprecio.
viernes, 16 de mayo de 2014
''¿No es un consejo admirable?''
-En eso estoy conforme -dijo Andrés-. La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. En el hombre es mayor la comprensión. A más comprender, corresponde menos desear. Esto es lógico, y además se comprueba en la realidad. La apetencia por conocer se despierta en los individuos que aparecen al final de una evolución, cuando el instinto de vivir languidece. El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir. El individuo sano, vivo, fuerte, no ve las cosas como son, porque no le conviene. Está dentro de una alucinación. Don Quijote, a quien Cervantes quiso dar un sentido negativo, es un símbolo de la afirmación de la vida. Don Quijote vive más que todas las personas cuerdas que le rodean, vive más y con más intensidad que los otros. El individuo o el pueblo que quiere vivir se envuelve en nubes como los antiguos dioses cuando se aparecían a los mortales. El instinto vital necesita de la ficción para afirmarse. La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averiguación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que se necesita para la vida. ¿Se ríe usted?
- Sí, me río, porque eso que tú expones con palabras del día está dicho nada menos que en la Biblia.
- ¡Bah!
- Sí, en el Génesis. Tú habrás leído que en el centro del Paraíso había dos árboles: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste. ¿Y tú sabes lo que le dijo Dios a Adán?
- No recuerdo, la verdad.
- Pues al tenerlo a Adán delante, le dijo: Puedes comer todos los frutos del jardín; pero cuidado con el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que tú comas ese fruto morirás de muerte. Y Dios, seguramente, añadió: Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente; pero no comáis del árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá. ¿No es un consejo admirable?
- Sí, me río, porque eso que tú expones con palabras del día está dicho nada menos que en la Biblia.
- ¡Bah!
- Sí, en el Génesis. Tú habrás leído que en el centro del Paraíso había dos árboles: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste. ¿Y tú sabes lo que le dijo Dios a Adán?
- No recuerdo, la verdad.
- Pues al tenerlo a Adán delante, le dijo: Puedes comer todos los frutos del jardín; pero cuidado con el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que tú comas ese fruto morirás de muerte. Y Dios, seguramente, añadió: Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente; pero no comáis del árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá. ¿No es un consejo admirable?
El árbol de la ciencia - Pío Baroja
Elisabeth Bathory
Elisabeth Bathory o Erzsébet Báthory, nacida en Hungría el 7 de agosto de 1560, pertenecía a una de las familias más pudientes de su país en aquella época. De hecho, su tío materno era Esteban Bathory, príncipe de Transilvania y rey polaco entre 1575 y 1586. Ha pasado a la historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes motivados por su obsesión por la belleza que le han valido el sobrenombre de ''la Condesa Sangrienta''. Erzsébet tiene el récord Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad, con 630 muertes a sus espaldas.
Se casó con el conde Fernec de Hungría y subió al trono como condesa de Ecsed, lo que la puso en un rango social extremadamente alto y le otorgó una riqueza desmesurada. A Fernec le llamaban "el Caballero Negro" por las atrocidades que cometía con absoluta fiereza en batalla. Según la leyenda, un día en el que el conde no se hallaba en el castillo, pues estaba combatiendo, Erzsébet le dio un fuerte golpe a una de las doncellas que se encontraba con ella, la cual le estaba peinando el cabello. Al golpearla, comenzó a brotar sangre de la nariz de la joven. La sangre cayó sobre la mano de la condesa, la cual vio maravillada que el lugar manchado por la sangre había rejuvenecido. A partir de ahí, comenzaron todas sus atrocidades. Mataba doncellas y las desangraba, para luego utilizar su sangre para no envejecer, incluso recurriendo a atreverse a matar a algunas jóvenes pertenecientes a la nobleza. Su cómplice en estos asesinatos era su mayordomo. Finalmente, la acabaron descubriendo al hallar todos los cuerpos mal escondidos, enterrados en lugares insensatos. Condenaron a la condesa a permanecer hasta su muerte dentro de una mazmorra, a la cual se le sellaron la puerta y las ventanas, dejando solo un pequeño hueco para pasarle la comida. Así murió ''la Condesa Sangrienta'', tras años de encierro, pero aso sí, manteniendo su juventud.
Fue la que inspiró a las futuras leyendas de vampiros, pues, también como comentan algunos, en los últimos años de asesinatos, ya mordía directamente a sus víctimas en cualquier zona de su cuerpo. Ha sido protagonista de muchísimas novelas y ensayos, apareciendo incluso como vampiresa en ''Drácula, el no muerto'' (2009), la secuela oficial de ''Drácula'', adoptando el comportamiento sádico de su leyenda.
Se casó con el conde Fernec de Hungría y subió al trono como condesa de Ecsed, lo que la puso en un rango social extremadamente alto y le otorgó una riqueza desmesurada. A Fernec le llamaban "el Caballero Negro" por las atrocidades que cometía con absoluta fiereza en batalla. Según la leyenda, un día en el que el conde no se hallaba en el castillo, pues estaba combatiendo, Erzsébet le dio un fuerte golpe a una de las doncellas que se encontraba con ella, la cual le estaba peinando el cabello. Al golpearla, comenzó a brotar sangre de la nariz de la joven. La sangre cayó sobre la mano de la condesa, la cual vio maravillada que el lugar manchado por la sangre había rejuvenecido. A partir de ahí, comenzaron todas sus atrocidades. Mataba doncellas y las desangraba, para luego utilizar su sangre para no envejecer, incluso recurriendo a atreverse a matar a algunas jóvenes pertenecientes a la nobleza. Su cómplice en estos asesinatos era su mayordomo. Finalmente, la acabaron descubriendo al hallar todos los cuerpos mal escondidos, enterrados en lugares insensatos. Condenaron a la condesa a permanecer hasta su muerte dentro de una mazmorra, a la cual se le sellaron la puerta y las ventanas, dejando solo un pequeño hueco para pasarle la comida. Así murió ''la Condesa Sangrienta'', tras años de encierro, pero aso sí, manteniendo su juventud.
Fue la que inspiró a las futuras leyendas de vampiros, pues, también como comentan algunos, en los últimos años de asesinatos, ya mordía directamente a sus víctimas en cualquier zona de su cuerpo. Ha sido protagonista de muchísimas novelas y ensayos, apareciendo incluso como vampiresa en ''Drácula, el no muerto'' (2009), la secuela oficial de ''Drácula'', adoptando el comportamiento sádico de su leyenda.
viernes, 29 de noviembre de 2013
''One day, three autumns''
''Un día, tres otoños''. Un proverbio chino para referirte a lo lento que pasa el tiempo cuando se echa mucho de menos a alguien.
El sentimiento de saber que se ha ido y que no va a volver. El tiempo pasa lento, como si realmente se hubiese detenido... El aire se nota denso, pesado... Y nuestra existencia, al contrario de lo anterior, extremada y espeluznantemente efímera. Nuestro alrededor nos parece indiferente, como si no tuviera nada que ver con nosotros. Porque en ese instante en el que lo recuerdas, tan solo echas de menos a esa persona que ya no está. Sientes la impotencia. Sientes las ganas de que el tiempo retroceda.
Y lo que más duele es el saber que ya no podrás verle nunca más.
El sentimiento de saber que se ha ido y que no va a volver. El tiempo pasa lento, como si realmente se hubiese detenido... El aire se nota denso, pesado... Y nuestra existencia, al contrario de lo anterior, extremada y espeluznantemente efímera. Nuestro alrededor nos parece indiferente, como si no tuviera nada que ver con nosotros. Porque en ese instante en el que lo recuerdas, tan solo echas de menos a esa persona que ya no está. Sientes la impotencia. Sientes las ganas de que el tiempo retroceda.
Y lo que más duele es el saber que ya no podrás verle nunca más.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Desobedientes.
Desobedientes. Personas que rompen el esquema intangible que nos persigue en nuestro día a día. Mentes anónimas, en ebullición, llenas de actividad, que se niegan a aceptar lo que ven. Mentes que se entremezclan con el resto, en un mundo monótono, prácticamente en blanco y negro, con personas incapaces de abrir sus mentes y sus corazones a algo diferente. Incapaces de aceptar. Incapaces de apreciar.
Desobedientes. En sus planes no está el seguir esta tiranía que la sociedad misma se ha impuesto. Unas normas que no están escritas en un papel, que no tienen un cuerpo físico, pero están ahí. Han sido implantadas, y no están dispuestas a moverse. Unas normas que dicen que algo que es diferente es malo, merecedor de desprecio. ¿No es acaso más despreciable el hecho de ser incapaz de entender a otros?
Desobedientes. Personas que no van a callarse lo que piensan, y no van a quedarse sentadas esperando a que les arrebaten lo que quieren. Personas con unos principios, de esos que, como a veces se escucha, no quedan hoy en día. Gente que acepta las diferencias. Gente que entiende qué es la moral y que, a diferencia de una sociedad cada vez más insensibilizada, son capaces de ponerse en el lugar del otro.
Si ayudas a alguien, que no sea para 'presumir' de lo 'buena persona' que eres. Si criticas algo, primero intenta saber algunas cosas sobre eso. Si vas a juzgar a alguien, primero intenta saber algo sobre su vida; tal vez, una vez las palabras hayan salido de tu boca, te arrepientas luego. Y, si das más importancia al envoltorio que al interior, tal vez deberías replantearte el mirar hacia lo que hay dentro de tu corazón... posiblemente no tenga muy buena pinta.
-Qué bonito es cuando alguien acepta a otro, sin importar las diferencias.
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